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Cooperación Internacional



La Comunidad Gitana en Cooperación Internacional


El reto que supone la integración de una buena parte de los países de esta zona geográfica a la Europa comunitaria, y la incorporación de sus respectivas poblaciones gitanas, es una cuestión clave para el éxito de la transición y una parte fundamental del proceso de construcción de sociedades cohesionadas e inclusivas en los países de Europa del Este. Los gitanos son una minoría europea y, consecuentemente, las instituciones europeas, así como otros organismos internacionales, se muestran cada vez más activas en el apoyo a iniciativas y a la provisión de recursos.  La creciente implicación internacional en los temas que afectan a la situación de los gitanos en el Este proporciona una oportunidad sin precedentes para abordar las causas de su precaria situación social a través de iniciativas que promuevan su integración en el conjunto de las sociedades europeas.

La Fundación Secretariado Gitano (FSG) inició en 1999 una nueva línea de trabajo de cooperación con los países de Europa del Este. Los motivos son múltiples. Por una parte, se trata de países con un alto porcentaje de población gitana, en algunos casos hasta un 10% del conjunto de la población, y que en la mayoría de los casos vive en situación de extrema pobreza, marginación y exclusión. Por otra parte, en aquel momento eran países candidatos a la ampliación de la Unión Europea y, muchos de ellos, son ya miembros de pleno derecho y, por lo tanto, socios comunitarios.

La actividad de la Fundación Secretariado Gitanoen los países de Europa del Este se ha basado fundamentalmente en el asesoramiento y asistencia técnica a las administraciones, entidades sociales e instituciones que trabajan con población gitana. España es el país de la Unión Europea (UE-15) con un mayor índice de población gitana, lo que supone un amplio bagaje y una larga experiencia en el trabajo con la comunidad gitana para su integración social.

Se calcula que viven en Europa unos 9 millones de gitanos y, de ellos, unos 6 millones vive en los países de Europa central y oriental y de la antigua Unión Soviética; de este grupo, en torno al 80% vive en países que se acaban de incorporar a la Unión Europea, en total casi 5 millones de gitanos.

La población gitana está distribuida de forma desigual por la región. El porcentaje de población gitana en algunos países de Europa del Este ha llegado a ser muy significativa en los últimos años, alcanzando entre el 9 y 11% de la población en países como Bulgaria, antigua República Yugoslava de Macedonia, Rumania y Eslovaquia. Estos porcentajes aumentarán previsiblemente en un futuro próximo debido a la alta tasa de natalidad entre los gitanos frente al descenso de la población mayoritaria. El país que, de lejos, tiene una población gitana más alta en Europa, estimada en torno a 2 millones, es Rumania. Con las limitaciones que supone no tener datos oficiales, podemos decir que poblaciones de entre 400.000 y un millón de gitanos viven en Hungría, Bulgaria, Eslovaquia, Turquía y la Republica Federal de Yugoslavia. En la República Checa y en la antigua República Yugoslava de Macedonia viven unos 250.000 respectivamente y, aunque en menor medida, también hay poblaciones gitanas de entre 50.000 y 100.000 gitanos en Polonia y Albania, unos 25.000 gitanos en Moldavia y Croacia, y poblaciones de entre 2.000 y 10.000 gitanos en Eslovenia, Estonia, Letonia y Lituania.

Los gitanos no son una comunidad unitaria y homogénea, sino que constituyen una minoría extremadamente diversa en Europa del Este, por eso  algunos hablan de un "mosaico" de grupos gitanos. Existen múltiples subgrupos basados en distinciones lingüísticas, históricas u ocupacionales, y en escisiones seculares de grupos familiares y religión, muchos de los cuales tienen escaso o nulo contacto entre sí.

En las sociedades de Europa del Este, donde conviven con numerosos grupos étnicos y nacionales, los gitanos han experimentado a lo largo de su historia múltiples influencias culturales. En muchos casos, incluso, se han adaptado o identificado con un grupo étnico diferente hasta asumir su lengua, religión o cultura. Debido, en parte, a la presión de esos otros grupos por romper la identidad gitana e incorporales a la suya propia, pero también porque los gitanos han tenido que ocultar su origen tras identidades más respetadas, que les faciliten su supervivencia.

Un factor determinante de su etnicidad y que confiere aún más diversidad a la comunidad gitana es el uso de la lengua romaní. A pesar de que muchas veces se afirma que la lengua romaní es la lengua de los gitanos, no hay lengua común dentro del pueblo gitano en la medida en que hay entre 50 a 100 dialectos. Los dialectos romaníes no se comprenden entre ellos excepto para los niveles más básicos, tales como palabras relacionadas con la familia o la comida.

El uso de la lengua propiamente gitana todavía es frecuente entre algunas comunidades de Europa del Este. En Bulgaria, casi la mitad de los gitanos habla romaní; en Eslovaquia y en Hungría, el porcentaje es menor, aunque todavía muy significativo. Pero, en realidad, sólo unos 2,5 millones de gitanos de los 6 que viven en Europa del Este hablan romaní, mientras que casi todos ellos hablan con fluidez su lengua nacional.

La reestructuración económica y política que se ha producido en estos países durante los últimos diez años ha dado lugar a nuevos tipos de exclusión, que suponen el desigual acceso a los recursos públicos y a las decisiones políticas. Esto ha afectado especialmente a los grupos más desfavorecidos y entre ellos a los gitanos. El nivel medio de renta de estos países ha aumentado considerablemente, pero esta mejora no se ha visto reflejada en la población gitana que, más bien al contrario, a lo largo de los últimos años ha visto cómo se deteriora su situación social progresivamente, sufriendo la pérdida de protección social del Estado, viéndose expulsada del mercado laboral y padeciendo un incremento generalizado del rechazo social, que ha forzado a algunos grupos a iniciar procesos migratorios buscando protección.

Al igual que en todos los países con una fuerte comunidad gitana, su participación social y política es débil y fragmentada. En términos generales, tanto en la participación social como política predomina el enfoque étnico y se refuerza la identidad cultural de cada minoría, intentando preservar sus raíces culturales, lo que favorece en muchos casos el aislamiento de cada grupo étnico.


La Comisión Europea ha publicado recientemente las perspectivas presupuestarias 2007-2013

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