Te oven baxtalen. Hablar romanó hoy

Te oven baxtalen: hablar romanó hoy [editar]

En el Día de la Lengua Romaní repasamos el estado de una lengua con mil años de historia y las iniciativas que trabajan por mantenerla viva

5 de Noviembre de 2026

Biácora Gitana

La lengua romaní no tiene país. Nunca lo ha tenido, y ni siquiera se habla en el lugar donde nació, el noroeste de la India, de donde salieron sus hablantes hacia el año 1000. Aun así, hoy lo hablan varios millones de personas repartidas por casi todo el mundo, sobre todo en Europa. Cada 5 de noviembre celebramos su día, algo así como el cumpleaños de una abuelita o un abuelito al que queremos cuidar, pero del que a veces sabemos muy poco.

Para saber por dónde ha pasado esta lengua basta con mirar su vocabulario. Jakh (ojo) y rroj (cuchara) vienen de la India. Baxt (fortuna) y xer (burro), del persa. Drom (camino) y klidi (llave), del griego. Grast (caballo), del armenio. Hasta hay una palabra del osetio, una lengua del Cáucaso: vurdon, que significa carro. Los lingüistas lo explican con la imagen de una cebolla, con un núcleo indio y capas de otras lenguas añadidas alrededor, una por cada tierra que cruzaron. Y esas palabras no son un detalle curioso, porque gracias a ellas los investigadores han podido reconstruir la ruta aproximada de un pueblo que no dejó casi nada escrito.

Los gitanos llegaron a Europa entre los siglos XIII y XIV, y nadie sabía quiénes eran ni qué hablaban. Hasta finales del siglo XVIII no se descubrió que su lengua estaba emparentada con el hindi y otras lenguas de la India. Para entonces ya se habían dispersado por el continente y, en cada sitio, la lengua había tomado palabras y formas de la de sus vecinos. Por eso hoy hay unos sesenta dialectos, y los de zonas alejadas pueden ser casi incomprensibles entre sí. Pero todos comparten un mismo pasado hasta la entrada en Europa. Lo que los separa son los siete siglos siguientes.

En Gran Bretaña y en la península ibérica la cosa fue más lejos. Allí el romanó perdió casi toda su gramática y se quedó en un puñado de palabras metidas en la estructura del inglés o del español. Es lo que se conoce como angloromaní y como caló. En castellano seguimos usando palabras del caló sin darnos cuenta: «parné» o «pirar» vienen de ahí.

¿Cuánta gente lo habla? Nadie lo sabe con certeza. Los censos casi nunca preguntan por la lengua, o lo hacen mal, y muchas personas gitanas no declaran su origen, con motivos de sobra para no hacerlo. La Universidad de Mánchester habla de más de 3,5 millones de hablantes en Europa; Wikipedia recoge 4,8 millones; algunas organizaciones gitanas suben la cifra por encima de los diez. Lo que sí se sabe es que la situación depende mucho del país. En Rumanía, Serbia, Macedonia del Norte, Bulgaria o Eslovaquia, muchos niños siguen creciendo en romanó. En el oeste y el norte de Europa, varias variedades han desaparecido o están en peligro. El romanó de Gales, por ejemplo, ya no lo habla nadie.

Parte de la explicación está en la historia. El romanó estuvo prohibido en el Imperio austrohúngaro. En Moldavia y Valaquia los gitanos fueron esclavos hasta mediados del siglo XIX. Los nazis exterminaron a cientos de miles de personas y con ellas desaparecieron comunidades enteras de hablantes, y los regímenes comunistas empujaron a la asimilación. Hoy el problema es otro, y más cotidiano: el estigma. Cuando una lengua se asocia al rechazo, hay padres que prefieren no enseñársela a sus hijos para que no sufran lo que sufrieron ellos. A eso se añaden las migraciones, las parejas mixtas y que el romanó casi no aparece en la escuela ni en los medios. Pero los expertos recuerdan que perderlo no es inevitable. Donde se usa en casa, se habla con los amigos y se ve algo de él en la escuela o en los medios, los niños lo siguen aprendiendo.

La escuela es uno de los puntos más delicados. La Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias protege la lengua romaní en 16 países (España no está entre ellos), pero que una ley la reconozca no significa que se enseñe. El Consejo de Europa lo describe como algo esporádico, que depende de lo que se haga en cada localidad. El caso más avanzado es Rumanía, que cuenta con inspectores gitanos, profesores formados en la universidad y mediadores escolares.

Los estudios del psicolingüista Hristo Kyuchukov apuntan a un problema concreto. Los niños gitanos que hablan romanó llegan al colegio con una lengua ya desarrollada, pero se les evalúa solo en la lengua del país. Si el niño no domina bien esa lengua, se interpreta como que le cuesta aprender, y no es lo mismo. Ese error de partida ha servido para derivar a muchos a escuelas especiales o segregadas. Lo que proponen los expertos es sumar lenguas en lugar de quitar una para poner otra.

Luego está la cuestión de cómo escribirlo. No existe una ortografía única que usen por igual académicos y hablantes. En 1990, la Unión Romaní Internacional adoptó un alfabeto común, el que había propuesto el lingüista Marcel Courthiade, pero se usa poco. El Instituto Europeo de Arte y Cultura Romaní (ERIAC) defiende lo que llama «armonización»: acordar una ortografía sencilla, una terminología compartida y unos materiales de enseñanza comunes, sin declarar que un dialecto vale más que los demás. Su lema es Khetani Romani Čhib, algo así como «lengua romaní común». Y subrayan que este trabajo tiene que estar en manos de personas gitanas, algo que hasta ahora no ha ocurrido. Según el lingüista Ian Hancock, de las 22 personas que llevan cuarenta años publicando sobre la estandarización de la lengua, solo cinco eran gitanas.

Y está internet. En 2024 el romanó llegó a Google Translate, que para una lengua casi invisible fuera de su comunidad fue una buena noticia. Pero los especialistas enseguida vieron que el traductor se inclina hacia las variedades vlax, mezcla dialectos sin demasiado criterio y deja fuera a otras. El riesgo es que el romanó que genere una máquina acabe siendo, para mucha gente, «el» romanó. ERIAC trabaja en un proyecto llamado AMARI ČHIB, que busca reunir textos y grabaciones revisados por la propia comunidad y que sean ella quien decida cómo se usan.

El romanó es una parte central de la identidad gitana, pero no puede ser un requisito para serlo. Muchos gitanos no lo hablan, a menudo porque a sus padres o abuelos les convenció la persecución de que era mejor callar, y siguen siendo gitanos igual. Quien quiera recuperarlo tiene que encontrar ayuda, no reproches.

Y en España, ¿qué se está haciendo? Más de lo que parece, aunque casi todo nace de las propias asociaciones gitanas, sin que la lengua figure entre las protegidas por la Carta Europea.

La asociación Rromanipè trabaja en el proyecto del Instituto Virtual de la Lengua Romaní, que puedes conocer en su web. Romano Kher da cursos online de forma regular y gratuita, una puerta de entrada para quien quiera empezar desde cero, estés donde estés.

Presencia Gitana está volcando buena parte de su actividad en la enseñanza de la lengua. Ofrece cursos gratuitos y también formación de formadores, porque sabe que sin profesores no hay futuro posible para ningún idioma. A la vez está traduciendo al romanó grandes obras de la literatura, como el Quijote o el Romancero gitano.

El romanó lleva mil años de camino y depende de que haya niños que lo oigan, profesores que lo enseñen y programas que lo entiendan. En España, aunque sea a pequeña escala, hay gente que ya está en ello. Este 5 de noviembre es un buen día para acercarse a conocerlo.

Como siempre, te dejamos música, en este caso en romanó: el concierto del gran músico serbio ¦aban Bajramović, publicado de forma póstuma el año pasado, que recoge toda la esencia de este artista genial sobre el escenario.

Bibliografía

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