Actualidad

[editar plantilla]

Febrero, el mes del mercadillo [editar]

En esta entrada de Bitácora 2.0 traigo algunos de mis recuerdos de invierno y del mercadillo.

15 de Febrero de 2021
Gonzalo Montaño y Rafael Saavedra

COMPARTIR
Febrero, el mes del mercadilloTambién compartimos las vivencias y reflexiones de Rafael Saavedra, sobre esta forma de vida gitana. Además, un video flamenco impresionante y como siempre una playlist que te alegra el día.

La verdad es que nunca me ha gustado mucho el mes de febrero. Desde pequeño, nunca me dio buena onda. Para mí era como una inevitable antesala gris de todo lo bueno que estaba por venir: la primavera, la semana santa, y luego las vacaciones y el verano. Sin embargo, en febrero, mi día a día era el desagradable despertador mañanero y la cama tan calentita de la que había que salir. Encima, había días que llovía y no se podía salir al recreo a jugar al fútbol. Ni siquiera las tardes eran buenas porque a las 6 se hace de noche y había que volver a casa muy temprano. Lo único bueno que tenía este mes era el festivo del Día de Andalucía y es el 28 de febrero, así que es fácil imaginar las ganas que tenía de que pasaran estas cuatro semanas.

También recuerdo perfectamente un año que estuve con gripe en febrero, una bastante fuerte, con fiebre alta y dolores. Se que fue en febrero porque en esos días se estrenó Canal Sur, la televisión de Andalucía y en el estreno hicieron una Gala Flamenca de categoría, con Camarón, Fernanda y Bernarda, Manuela Carrasco, La Paquera y otros grandes artistas de la época y ahí estábamos toda la familia frente al televisor y mi madre diciéndome que no se me olvidara grabarlo en el video VHS. Os pongo el video para que podáis disfrutarlo, es una pasada. Por cierto, no es el de mi pobre cinta VHS, esa quedó machacada de tanto ponerla.

Pues bien, recuerdo que en esos días en los que Camarón y Fernanda de Utrera inauguraron Canal Sur, cuando ya me encontraba casi recuperado, mi madre me dijo que me fuera con ella al Corte Inglés a compara algunas cosas (en mi pueblo tiran de ironía y gracia y al mercadillo lo llaman “El Corte Inglés”, ¿se puede tener más arte?). Así que allá que me fui. Y así, casi de casualidad (no se si sería efecto de la medicación que había estado tomando para la gripe) ese día descubrí que en la otra esquina de mi pueblo había un mundo que yo desconocía y que se abría todos los miércoles por la mañana. Conocía el “Corte Inglés”, pero ese día se me quedó grabado. Todo me pareció diferente, había otro ritmo y sonido, otro olor (a puesto de bocadillo, a aceitunas de los puestos, a especias...), las calles eran otras, eran artificiales y en lugar de fachadas había puestos, las mujeres corrían arriba y abajo, los precios se gritaban, incluso el tiempo parecía ir a otra velocidad de lo que yo estaba acostumbrado a sentir una mañana de febrero. Me quedé fascinado y no se me olvida.

Hoy, además de este recuerdo de mi niñez, vamos a compartir un texto que ha hecho para Bitácora Gitana 2.0 mi querido Rafael Saavedra sobre sus recuerdos experiencias y reflexiones en esta ciudad andante que es el mercadillo:

gala inaugural de Canal Sur el 28 de febrero de 1989

El mercadillo gitano

Por Rafael Saavedra Rodríguez

mercadillo

  1. Mercado, por lo general al aire libre, que se instala en días determinados y en el que se venden artículos muy diversos, nuevos o usados, a precio menor que el de los establecimientos comerciales.

Reconozco que es la primera vez que busco esta definición oficial en el diccionario de la RAE. Me parece que es acertada y que poco o nada le añadiría ya que la misma abarca tanto el “cómo” como el “cuándo”.

Desde mi experiencia personal me atrevería a decir que el trabajo en el mercadillo, con el paso de los años, se ha convertido en una de las profesiones o actividades económicas a las que la población gitana se dedica de manera frecuente y mayoritaria. Basta con que vayamos a cualquier mercadillo de los cientos que hay cada semana para darnos cuenta de que existe una mayor presencia de personas gitanas que trabajan en este sector. La razón de por qué las personas gitanas en España nos dedicamos a este trabajo de una manera habitual creo que responde a la vez a varios factores: de tipo social, educativo y económico. Cada uno de estos elementos requeriría por sí solo de un análisis bastante profundo si quisiéramos indagar en las causas que llevan a una comunidad a dedicarse a una actividad tan concreta. Y en todos estos factores, creo que el fenómeno de la discriminación de manera directa o indirecta ha estado (y está) presente.

Desde una perspectiva histórica, si uno analiza detenidamente las características de este oficio, el rasgo discriminatorio se encuentra trazado de una manera más que evidente. Por una parte, es una profesión que lleva el adjetivo “ambulante”, es decir no es fija. Se organiza una vez por semana en el lugar indicado y cuando termina ese día nadie debe de permanecer más en ese lugar. Se trata de una manera de decir que “aquí solo podéis estar el tiempo imprescindible”; una vez pasado ese tiempo, no es necesaria vuestra presencia. Numerosos son aún los carteles de “Prohibida la venta ambulante no organizada” en la travesía de entrada de los pueblos. Recuerdo esos carteles perfectamente porque era algo que me impactaba de pequeño, llegando incluso a pensar -en la cabeza de un niño todo es posible- que teníamos que pasar con el vehículo lo más rápido posible, incluso sin parar en los semáforos.

Además, dentro del mercado laboral, tal y como ha estado cimentada la sociedad a lo largo del tiempo, no se otorgan oportunidades laborales ni de participación activa a las personas gitanas. El propio sistema, de una manera indirecta  ha permitido y no ha solucionado nunca el problema de la segregación escolar y la falta de un nivel de educación y formación apropiado, lo que ha favorecido que no haya un mayor número de persona gitanas en el mercado laboral normalizado y así sea más fácil su invisibilidad. Y, sumado a todo lo anterior encontramos, por supuesto, el racismo existente en gran parte de la sociedad, que casi obliga a toda una población y vivir aislada tanto en el aspecto residencial como en su participación social. Ocurre desde hace siglos y sigue ocurriendo hoy en día. Esto ha provocado en muchos gitanos una percepción indiferencia y falta de preocupación por las condiciones de vida de una parte de sus ciudadanos.

En mi casa, desde mis abuelos hasta mi generación, siempre hemos sido vendedores ambulantes y este ha sido el sustento económico de la familia. Es una profesión bastante dura y sacrificada, creo que no es necesario que la describa porque en mayor o menor detalle todos conocemos los elementos que son necesarios para poder desarrollarla. Es decir, se trata de una actividad profesional a la que, además de los componentes de sacrificio, esfuerzo y dedicación que cualquier otra profesión también requiere, hay que añadirle otros elementos que inciden en su normal desarrollo. El intenso ritmo de trabajo, por ejemplo, es uno de los principales recuerdos que me vienen a la cabeza cuando reflexiono sobre este asunto. No recuerdo familia alguna que, dedicándose a la venta ambulante, no trabajase un mínimo de 5 o 6 días por semana. Implica, por tanto, la necesidad de un trabajo casi diario para tener unos ingresos suficientes que permitan mantener una familia. Y, aun así, esta constancia no garantiza la estabilidad económica, ya que la imprevisibilidad es otro de los elementos diferenciadores, en mi opinión, de este oficio.

A pesar de la entrega que exigen estos dos elementos que aquí señalo, la venta ambulante ha sido, y es, uno de los principales fenómenos sociales y económicos que ha servido para una mejora de las condiciones de vida de la población gitana en España. Según me cuentan los mayores, la venta ambulante se empezó a legalizar y generalizar en torno a los años 60. Es cuando muchas familias gitanas comienzan a abrirse paso en este sector y a dedicarse a ella de una manera habitual y profesional. A la par de este proceso, comienzan además a surgir de manera paralela iniciativas de erradicación del chabolismo en España. En mi opinión, no es casualidad que estos dos cambios sociales aparezcan al mismo tiempo, sino que cada uno de ellos necesitó del otro para poder nacer y extenderse. Son años en los que el Estado empieza a modernizar sus estructuras y, aunque levemente y no con toda la intensidad que debiese, eso también se dejó sentir y caló en la población gitana.

Algo que siempre me ha llamado la atención es esa diferencia existente entre las poblaciones gitanas de Europa. Cómo en España nos hemos dedicado de una manera generalizada a la venta ambulante y, sin embargo, en otros países la presencia de personas gitanas trabajando en la venta ambulante no es algo tan común. Sin duda creo que eso ha tenido una importancia clave en las diferencias de bienestar social que existen entre la población gitana de España y del resto de Europa. Con ello no quiero decir que aquí se estén dando las circunstancias más idóneas, pero sí que es cierto que gozamos de unas mejores condiciones en el aspecto económico, social, de vivienda y salud que nuestros hermanos/as Romanís. 

No hemos dejado de ser un pueblo marginado por la sociedad mayoritaria que ha buscado siempre la manera de sobrevivir a lo largo del tiempo, incluso aunque hayamos pasado por épocas muy oscuras. De hecho, es ese el principal sentimiento que quisiera transmitir con este texto: cómo hemos sido capaces de adaptarnos a todas esas circunstancias adversas y de qué forma la venta ambulante ha sido una de las maneras, como tantas otras, a través de las cuales se manifiesta esa característica tan propia nuestra como es la adaptabilidad. Familias enteras que levantan y mantienen negocios a lo largo de años, con todas las diferentes crisis pasadas y presentes, creo que es un fenómeno digno de analizar. No somos solo emprendedores, hemos sido pioneros. Sin conocimientos avanzados de economía, balances, perspectivas económicas ni análisis de mercado, hemos demostrado que el motor de un negocio, el alma, son las personas y aquello que las motiva a moverse. Y a través de este oficio hemos sido capaces no solo de encontrar la manera de sobrevivir, sino que hemos tenido la capacidad de adaptar una profesión a nuestro estilo de vida: independencia, familia y vida en comunidad.

Realizando una reflexión desde un punto de vista personal e íntimo, el haber nacido en una familia de vendedores ambulantes ha sido un factor determinante en mi pensamiento y en mi manera de observar el mundo. Desde pequeño he ido a vender con mi familia a diferentes mercadillos de Sevilla, Huelva y Cádiz y eso ha influido en mi personalidad, en mi percepción de cómo la sociedad la formamos personas de muy diferente pensamiento, pero sobre todo, con lo que más me quedo, es con la cantidad de recuerdos familiares que tengo y vivencias juntos, el conocer familias gitanas más allá de mi entorno cercano y haber tenido el privilegio, y eso para mí lo es, de haber podido aprender al lado de mi padre y de mi madre -los mejores maestros que he tenido- qué es el esfuerzo, el trabajo y sobre todo que nada es fácil en esta vida. Y esas lecciones no las cambio por nada de este mundo.

Rafael Saavedra ha estado vinculado al mercadillo desde la infancia, es licenciado en Derecho, ha trabajado en organizaciones por los derechos del pueblo gitano y el Parlamento Europeo. Desde 2018 trabaja en el área internacional de la FSG.


Click aquí para escuchar la playlist de "mercadillo gitano"

Click aquí para ir a Bitácora Gitana 2.0

Familia de Rafael Saavedra en el mercadillo
Familia de Rafael Saavedra en el mercadillo
VOLVER A LA PÁGINA PRINCIPAL DE ACTUALIDAD