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Los gachés tampoco existen [editar]

03 de Marzo de 2016
Miguel Ángel Vargas

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Los gachés tampoco existenEste articulo forma parte de "Bitácora gitana. Recorridos culturales por la diversidad" un microsite de temática cultural iniciado en 2016 por la Fundación Secretariado Gitano, coordinado por Miguel Ángel Vargas Rubio. 

Veamos cómo rompemos el hielo, siguiendo hilo de este traje sin ni siquiera hilvanar que suele ser el estudio del caló. Lo que está claro es que la búsqueda en el payo Google, gran vector del Conocimiento actual, en plan vamos a ver qué significan esas palabras que suelen usar las personas gitanas, nos muestra la repetición, en pleno 2016, de definiciones de diccionarios del siglo XIX que, o bien pululan con suerte en pdf o, las más de las veces, se copian y pegan. De esta forma, a pesar de los ímprobos esfuerzos de investigadores gitanos y no gitanos, por colocar en el plano académico y político el estudio serio de las aportaciones del caló a la lengua española seguimos teniendo la casa sin barrer. Hoy, un día de invierno del 2016, empezaremos a plantear el debate del juego de las nomenclaturas en castellano de cómo los gitanos nos dirigimos hacia las personas no gitanas. Porque está claro que en nuestras conversaciones no decimos “el no-gitano, con guión incorporado. Entre las palabras usables tomamos la que consideramos más idónea (lluevan sobre mí rayos, chuzos y culebras), más internacional y sin embargo menos aceptada en los ámbitos académicos, políticos y periodísticos: gachó, gachí y gaché.

Vayamos entonces por partes en este viaje que nos va a llevar a varios ejemplos de definiciones que pueden ir desde la propuesta etimológica del profesor Ian Hancock hasta su presencia en el léxico del bardo Ramón María del Valle-Inclán, planteando el dilema de cómo puede variar tanto el sentido original de las palabras.

Vamos a ponernos estupendos y un poquito, sólo un poquito, eruditos, con una cita de un libro de Ian Hancock, uno de nuestros investigadores gitanos más importantes, del que urge su traducción: Danger, educated gypsy (algo así como Peligro, gitano con estudios). En el capítulo entitulado “Gitanos, gadze, lenguas y etiquetas”, y en el contexto de la explicación de los diferentes niveles lingüísticos del romanó que son reflejo de su historia como pueblo (el tío Yanko usa la metáfora de la cebolla en sus charlas: el corazón indio y el resto de capas, armenias, griegas...) nos ofrece algunas posibles explicaciones al origen etimológico de la palabra gadze, de la que inevitablemente deriva gachó:

Encontramos también alusiones militares para los no romaníes. La más común, gadzo, dice Turner que deriva del sánscrito garhya, a su vez del prácrito, gajjha, que significa ‘doméstico’. Las palabras para civil en serbio e italiano (civil y borguese) son las que usan los gitanos en Eslovenia e Italia para referirse a los no gitanos y alguna vez que otra los gitanos americanos también se refieren a los gadze con el término civilian. En lomavren, la lengua de los gitanos Lom en el Este de Turquía y Armenia, a una persona no-Lom se le llama gaca de la misma raíz sánscrita. Pischel (1873) señaló que los Changars, a quienes intentaba enlazar con los ancestros de los romaníes, llaman a todos los ajenos gaca, que compara con gadzo. Grierson (1922) construye el mismo argumento para las palabras kajwa, kaja y kajja en dumaki, nati y sansi respectivamente. En domaris, la lengua de los  Nawar, una persona no-Dom también se la conoce como kajja (kadzza); Ivanov (1914) anota gerze como no-gitano pero lo compara con garzedal en Pashto, que es viajar. Soravia (1988) encuentra similitudes con otras lenguas indias. Divana (1943), Rishi (1976), Kochanowski (1994) y Moreau (1995) han todos argumentado el origen de esta palabra en Ghazni o su variante Ghazzi. ‘Ghazzi se convertiría Ghazzo y más adelante se transmutaría en la actual Gaujo o Gadjo’ (Mareau, 1995), aunque esto sería difícil de sostener en términos fonológicos. Entre otras cosas, la consonante inicial es la fricativa uvular en la palabra original, no la oclusiva velar (g). Otra etimología es aquella propuesta por Kostic, que ve su origen en el sánscrito grama, ‘pueblo’ (del que viene gav en romanés), más el morfema común –dza que significa “de” (1998).[1]  

Por tanto, ahí tenemos que aquellas personas indias, relacionadas de una manera u otra, con el negocio de la guerra y todo el campo semántico que ello implica, llamaban gaché, esto es civiles, a aquellas personas que no eran militares.

Nuestra Real Academia de la Lengua Española, tan original y creativa como es de esperar define la palabra gachó tal que así, con una sola entrada y para que quede claro con su numerito número uno:

gachó

Del caló gachó

1.m. vulg. Hombre, en especial el amante de una mujer.

Ya adivinamos las risas maléficas de las huestes feministas y decoloniales pero tengamos un poco de conmiseración con sus venerables excelencias. Tendríamos que, en todo caso, hacer una investigación más profunda sobre en qué momento aquellos lodos indios dieron esta cosa en castellano. Esta y su correlación en femenino:

gachí

Del caló gachí, f. de gachó

1.f. vulg. Mujer, muchacha.

Aquí parece que Benito & Cia se colaron en la Academia una tarde de mayo para hacer una chapuza y pillaron avezado y ojo avizor a Lázaro Carreter y, cráneo previlegiado, tomó nota de los dos albañiles. Almas de cántaros.

Sigamos con el viaje. Aún hay risas por repartir con las otras variantes de la palabra gadze: gaché, del caló gaché. 1. m. Entre los gitanos, andaluz (natural de Andalucía). 2. m. And. Gachó. 

A la definición le falta una bata de cola y una orquesta que la dote de banda sonora y entonemos aquello de Quintero, Valverde y Quiroga, que cantara Concha Piquer:

 Y yo le dije, gaché

Ven, acércate a mis labios,

Que yo fuego te daré.

Al lío de Monte Pío de las definiciones tenemos que añadirle la cuestión gramatical puesto que no existe aún la Real (o republicana) Academia del Etnolecto Caló y el soporte gramático suele tener tantas variantes como calorré en la piel de toro son. Atentos además a las definiciones que la RAE ofrece a la palabra caló: del caló caló ‘negro’. 1. adj. Perteneciente o relativo al caló. Léxico caló. 2. m. Variedad del romaní que hablan los gitanos de España, Francia y Portugal.

Ahí lo llevan. Ni queriendo lo hacen.

El amigo D. Francisco de Sales Mayo en su libro de 1870 compendio de Historia, anecdotario, diccionario del (sic) dialecto de los gitanos recoge las siguientes acepciones:

GACHÉ, GACHÓ. s. m. Varón, mancebo. // GACHÍ. f. Hembra, muchacha. (Lo mismo que BEDORÓ, Í; sólo que GACHÓ, Í, se aplica al que no es de familia gitana.[2]

Luis Besses, en su Diccionario de Argot Español ó lenguaje jergal, gitano, delincuente profesional y popular [3], toda una autoridad a citar por los conspicuos becarios de universidades suecas, que es un decir, reza así: Gaché. c. Varón. // Cortejo, querido. Gachí. c. y pop. Mujer. // Prostituta. Gachó. pop. Hombre.

La lista de definiciones en diccionarios que anhelan en convertirse en definitivos puede ampliarse, testimonio del interés por la forma de hablar de los otros sin perder, eso sí, la posición de ser el salvaguarda de la lengua y la estirpe. Lo que sin embargo sigue siendo un enigma es el averiguar cuándo y por qué la palabra gachó con sus variantes empezó a usar en determinados contextos que no eran el gitano. Tal es el caso del Cheli, jergal suburbana del Madrid del siglo XX bajo la influencia del punk, el caló de la ciudad de México, una parte del lunfardo argentino, el habla de los quinquis.

Pongamos por caso, por sorprendente, el caso de Argentina, citando la Die Gaucholiteratur Argentiniens de A. DORNHEIM:

Para ilustrar las falsas ideas que sobre el gaucho han existido en América y en Europa, cita la definición que da en 1851 la Enciclopedia alemana; todo parece indicar que la voz gaucho no es de origen indígena como lo han creído algunos, sino gitana (gachó), que en su forma actual para al Plata hacia fines del siglo XVIII con el sentido de 'bandido vagabundo' y se aplica por parte de las clases tradicionalistas de Buenos Aires al rudo habitante de las pampas; para conocer adecuadamente a éste es de importancia fundamental su literatura, representada principalmente por el cancionero popular, el Santos Vega de Ascasubi, el Fausto de Estanislao del Campo y el Martín Fierro de Hernández; en estas obras aparece el gaucho como el más típico representante de la nueva nacionalidad que se está creando y como forjador de las primeras formas literarias argentinas. Santos Vega es la fiel pintura de la vida gaucha de la preindependencia; ofrece semejanzas con Hermán y Dorotea de Goethe, aunque éste pinta la vida del burgués europeo y Ascasubi la del habitante de la pampa.

Entendemos así que no hay registros con el cambio de significado de gachó, gachí o gaché en el sentido de personal civil en la literatura, estudios o diccionarios de caló del siglo XIX y que sin embargo abunda su uso común tipificado, el gachó, que si bien puede definir a cualquier persona, siempre es aquella un tanto especial, rara y diferenciada. La literatura en español hace buen uso de esta acepción, sobre todo la literatura más realista y esperpéntica. Valle-Inclán, al decir de José María García de la Torre:

(...) utiliza «lo gitano» para caracterizar lo psíquico. Peculiares maneras de ser que acaso el escritor pensaba que, como lo africano o moruno, o lo picaresco, contribuirían a configurar algo típicamente hispano. (...)

Ejemplo de los muchos que dejó encontraremos en La pipa de Kif y en El ruedo Ibérico «Una chica fea /--que la tifoidea/ pelona dejó-/ baila en la guardilla, / arrastra una silla, / y ella es el gachó./ Sale al ventanuco,/ y parece el cuco/ que habla en el reló»

Y así vemos que el uso de la palabra gachó y variables se ha convertido en algo muy español y que su uso asegura un marchamo de autenticidad cañí al interlocutor. El personaje del Gachó llegó incluso al género chico con la obra Agua, azucarillos y aguardiente, de Federico Chueca y libreto de Miguel Ramos Carrión, con el personaje de el gachó del arpa, quien (sic) pasa el sombrero a la concurrencia y luego canta en chapurreao una canción de tema banal. Es esta: «Una niñeira / di Barchelona / d'un soldatino / s'inamoró, / e al mechi e michi / de relacione, / il regimento / se las guilló. / Tuti li mundi / le preguntaba: / ¿qué cosa e fatto / que llora así? / E la fanciula / li respondeba / qu'il soldatino... / ¡Ji, ji, ji, ji! / Io sonno il trovator / qui vaga per Madrí.»

¿A qué debemos entonces el uso casi exclusivo, incluso en documentos oficiales, de la palabra payo y paya?

Juan Antonio Vázquez le dedicó una explicación en su programa El palabrero de Radio 5:

La denominación payo, para referirse a las personas que no son gitanas es bastante original de la lengua castellana. Mientras, en otros idiomas, como el francés, la palabra que se usa para expresar ese concepto, o ese no-concepto, habría que decir, es gadjo, una palabra, esta sí, de origen romaní, de origen gitano.

Un gadjo, una gadji, son personas que no son gitanas. En castellano, las palabras gachó y gachí también se adoptaron desde el vocabulario gitano, fueron muy habituales en el lenguaje coloquial de hace algún tiempo y lo siguen siendo en algunas zonas: "el gachó y la gachí", es decir, "el chico y la chica".

Este gachó a veces tenía la connotación del amante de una mujer, "el gachó de la del quinto", por ejemplo. Algo parecido ha pasado en búlgaro, donde gadje es la palabra coloquial para hablar de novio o novia y es, de hecho, la palabra más usual en el lenguaje cotidiano con este significado. En rumano, a su vez, gagic y gagicã son equivalentes a novio y novia, y también a chico y chica en sentido general.

Por su parte, en Escocia y zonas de Irlanda e Inglaterra la palabra gadgie se utiliza como sinónimo de gitano, justo lo contrario de lo que quería decir originalmente.

Esta inversión de significado se debe probablemente a que se ha asociado esta palabra con quienes la usaban, los propios gitanos, en este caso.[4]

Lo de la connotación del amante de una mujer nos parece traída por los pelos, o quizá en el contexto sureño del quien les escribe suena como chirriante. En todo caso, que meridianamente claro que el uso, y abuso, de la palabra payo frente a gachó es algo bastante reciente y cuya generalización viene tal vez motivada por la fuerza que el modelo gitano centropeninsular tiene en el movimiento asociativo gitano. Queda así, por tanto, el uso de gachó para el ámbito meridional y para el uso literario.

Comenzábamos este artículo afirmando que los gaché no existen y veremos ahora el motivo: el uso de gachó y derivados (también, por supuesto payo y derivados) corresponde exclusivamente a la cosmogonía gitana del mundo, lo mismo que goy y goyem para los judíos. Es decir, los gaché, y los goyem, no saben que lo son. Toda vez que la palabra gitano no es gitana y que el término romaní nos sigue sonando, a pesar de los esfuerzos, un poco ajena, se hacen necesarias hacer las explicaciones pertinente, no ahora, descansen, a cuenta de qué elementos lingüísticos serán más correctos para hablar de la riqueza de la diferencia cuando a personas gitanas nos referimos.

NOTAS:

[1] Danger! Educated Gypsy, selected essays. Ian Hancock. Editado por Dileep Karanth. Universidad de Herfordshire, 2010. La traducción del fragmento se ha hecho ex professo.

[2] El gitanismo, historia, costumbres y dialecto de los gitanos, D. Francisco de Sales Mayo. Edición Facsímil de Extramuros Ediciones.

[3] Diccionario de Argot Español ó lenguaje jergal, gitano, delincuente profesional y popular, 1905

[4] http://blog.rtve.es/elpalabrero/2014/06/un-chaval-y-una-gach%C3%AD-la-denominaci%C3%B3n-payo-para-referirse-a-las-personas-que-no-son-gitanas-es-bastante-original-de.html

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