100 años de Pepa de Utrera en Bitácora Gitana

100 años de Pepa de Utrera. "Soy rebelde porque el mundo me hizo así" [editar]

Bitácora Gitana homenajea a Pepa de Utrera, una de las grandes referencias del flamenco gitano y pionera en hacer de su arte y su vida un territorio de libertad.

11 de Mayo de 2026

Bitácora Gitana

Con motivo del centenario de su nacimiento, la figura de Pepa de Utrera se reivindica hoy como una de las grandes referentes del flamenco en Utrera y como una gitana pionera en la conquista de la libertad artística y vital. Celebrar sus cien años es celebrar a una mujer que hizo del cante un territorio de libertad, afirmación identitaria y transmisión cultural, en un tiempo en el que la presencia de las mujeres en el ámbito público era sistemáticamente invisibilizada y demonizada.

Nacida en Utrera el 1 de mayo de 1926 con el nombre de Josefa Loreto Peña, Pepa pertenecía a una de las genealogías gitanas más importantes del flamenco. Nieta del mítico Pinini, hija del bailaor José Loreto Reyes "El Feongo" y de la cantaora María Peña Vargas, hermana y prima de artistas fundamentales del cante de Utrera, creció en un entorno donde el flamenco era memoria viva, forma de conocimiento y estructura comunitaria. En ella confluyen generaciones de saberes transmitidos por mujeres que sostuvieron el compás, la palabra y la continuidad cultural.

Desde muy joven ocupó un lugar central en la fiesta, uno de los principales espacios de transmisión del patrimonio cultural gitano. Pepa llevó ese saber al escenario profesional sin perder su raíz, demostrando que una mujer gitana podía trasladar el liderazgo del ámbito íntimo al espacio público, conquistando reconocimiento desde la autenticidad y no desde la complacencia. Ese tránsito —de la fiesta al escenario, sin abandonar ninguna de las dos— fue en sí mismo un acto político: la demostración de que lo íntimo y lo público no son territorios separados, sino los dos pulsos de una misma autoridad.

Artista de base clásica y espíritu abierto, Pepa de Utrera fue una de esas artistas que llaman “festeras”, o sea un especialista en formar la fiesta, un territorio que supo dignificar desde el conocimiento profundo del cante gitano. Y aquí conviene detenerse: las jerarquías del flamenco han marginado históricamente los géneros festeros igual que han marginado los géneros asociados a las mujeres. Reivindicarse como artista festera con todo lo que eso conlleva de libertad, no era una concesión al gusto popular, sino un gesto de resistencia estética. Frente a los guardianes del canon, su trabajo amplió los márgenes de lo legítimo y lo posible, reivindicando el derecho de las mujeres gitanas a explorar, mezclar y crear sin ser desposeídas de su identidad. En ese gesto hay una forma clara de pensamiento feminista: la negación del encasillamiento y de la obediencia estética.

Su arte se caracterizaba por el dominio absoluto del compás, la naturalidad expresiva y una elegancia rítmica que convertía la fiesta en arte mayor. No buscaba el análisis frío ni la solemnidad impostada: buscaba emocionar, convocar y alegrar, ejercer una autoridad basada en la experiencia y el conocimiento, no en la imposición. Esa manera de estar en escena —segura, autónoma, consciente— fue en sí misma una forma de ruptura con los modelos patriarcales del flamenco.

A lo largo de su trayectoria, Pepa de Utrera recibió premios, homenajes y el respeto constante de la afición. Participó de los grandes hitos del flamenco de su tiempo y fue presencia imprescindible en la vida cultural de su ciudad, especialmente en el Potaje Gitano de Utrera, donde encarnó durante décadas la continuidad entre tradición y presente. Utrera supo reconocerla como patrimonio vivo, incorporando su nombre al espacio público y a la memoria colectiva.

Pero más allá de los reconocimientos, su legado principal es otro: haber demostrado que una mujer gitana podía vivir de su arte, decidir su camino sin renunciar a su identidad ni someterse al estereotipo. Y ese legado no surge de la excepción heroica, sino de algo más hondo: la realidad forja carácter. La rebeldía de Pepa no fue una pose ni una declaración de principios: fue la respuesta natural de una mujer que aprendió a sostenerse en condiciones difíciles y encontró en el cante la forma más precisa de decirlo. Pepa de Utrera representa una genealogía de mujeres que hicieron cultura en esas condiciones, sosteniendo la tradición al tiempo que la transformaban.

Cien años después de su nacimiento, Pepa de Utrera sigue siendo memoria, ritmo y referencia. Su figura nos recuerda que el flamenco ha estado marcado por el paso que le han marcado mujeres gitanas; que la fiesta también es pensamiento; y que la tradición puede ser un lugar de emancipación. Celebrar su centenario es reivindicar una historia contada desde las mujeres gitanas, no como excepción, sino como columna vertebral del flamenco.

Con todo ello os dejamos con su voz: una grabación de Pepa cantando su versión de Soy Rebelde, y una playlist de Spotify con el disco que compartió junto a Fernanda y Bernarda de Utrera, con el magnífico fin de fiesta en el que se suma también Perrate de Utrera. Que lo disfruten.


Pepa de Utrera. Soy rebelde

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