La comunidad gitana y su cultura es una de las de las cuatro grandes piezas que han formado y enriquecido a la cultura española, junto con la cristiana, la árabe y la judía.
En cada comunidad la cultura gitana ha dejado un a huella en mayor o menos medida. A día de hoy la realidad es que lo español se identifica en muchas ocasiones con elementos que son, en su origen, gitanos. No obstante no existe un reconocimiento adecuado de la cultura gitana, e incluso personas de alto nivel de formación desconocen toda la riqueza y aportaciones de la misma.
Sin caer en las exageraciones de los románticos europeos de principios del siglo XIX, que sólo sentían que llegaban a la España que buscaban al cruzar Despeñaperros y entrar en contacto con las gitanerías andaluzas, ni cerrar los ojos a las diferencias entre un gitano gaditano, catalán o extremeño, lo cierto es que es necesario para la sociedad española volver su mirada sobre un pueblo que cumplirá 580 años de presencia en la España el 12 de enero de 2005, y apreciar esa aportación de cultura oriental, que después de 1000 años de nomadismo por Asia y Europa ha impregnado todas las zonas del país.
Además de la falta de reconocimiento de la cultura gitana por la sociedad mayoritaria se presentan varias circunstancias que hacen peligrar la identidad cultural gitana.
En estos momentos la huella gitana en la cultura europea es profunda, tras mil años de convivencia. Gitanos y no gitanos hablamos, pensamos, cantamos utilizando códigos y elementos que los nómadas Rom nos han hecho llegar tras un camino de 10 siglos. Lamentablemente nuestra sociedad sigue dejando hoy que la riqueza de esa migración se pierda, al igual que 31 de las 33 tonás que teóricamente existieron un día en el flamenco. Es momento de que esa proporción se invierta y los rasgos culturales gitanos se preserven.
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