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Población Reclusa



La FSG en Población Reclusa


Desde el año 95, la Fundación, en aquel entonces asociación, se planteó la posibilidad de intervenir en prisión. Cuando hablamos de derechos y deberes, por desgracia termina apareciendo la palabra ?discriminación?.

Esta palabra, junto a una realidad inminente de población gitana entrando en prisiones, fue la que animó a diseñar un proyecto que hasta el día de hoy ha ido adoptando diversas formas de intervención. El desconocimiento de la cultura por parte de los profesionales que trabajan en los centros penitenciarios hace que uno de los objetivos que nos marquemos sea acercar la información y facilitar la comprensión de una cultura arraigada a unas tradiciones y a una manera distinta de interpretar la vida  (como tantas otras culturas). Unido a esto, es muy importante acercar los recursos a las personas y mediar entre la institución y ellas.

Si algo tenemos claro es que ya hay un juez que juzga, así que el trabajo comienza desde que nos encontramos a la persona y no al delito. De sobra sabemos que el respeto, la cercanía, la claridad y el acompañamiento son importantes a la hora de trabajar con personas que por distintas razones viven situaciones de marginación, discriminación etc, y con más razón cuando se le añade a esto matices por raza, cultura y sexo, entre otros. El trabajo diario, se canaliza por una parte, a través de talleres, donde la dinámica grupal ayuda a convivir, a entender las diferencias, a escuchar, a trabajar habilidades personales y grupales que se proyecten hacia la familia, hacia otras personas, hacia la sociedad?y por otra parte la intervención individual, mejor dicho el acompañamiento, puesto que se trabaja con gente que tiene muchas carencias, desde la educación, la afectividad, la falta de referentes positivos, la mala traducción de una cultura rica en valores etc.

Como siempre invaden las preguntas, ya que el ámbito penitenciario no es ningún patio de escuela, y si de alguna escuela hablamos no es precisamente la que defiende ni la educación ni los valores humanos (siempre hay cosillas que se salvan, personas que creen en su trabajo).

 Si hay un objetivo claro es sin lugar a dudas el que la gente no vuelva a entrar en prisión. No se trata de convencer, se trata de ir entendiendo todo el entramado que hay por debajo de cada una de las personas que pasean por estos patios, en el caso de la población con la que trabajamos, también hay que entender y conocer a las familias, precisamente por el valor que se le da, y por que la familia es el pilar donde se sostienen muchas de sus creencias, costumbres y tradiciones. El trabajo tiene sentido dentro y fuera de la prisión, pues cuando uno sale, las posibilidades de encontrarse con la misma realidad son bastante elevadas, ahí es donde tiene sentido tanto el trabajo que realizamos en los barrios como la utilización de otros recursos comunitarios con los que nos coordinemos.

 

En el programa de prisión, después de tiempo, si algo se ha ido constatando es sin duda la importancia de la prevención, sobre todo el trabajo con los niños y jóvenes.

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