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Población Reclusa
   
La Comunidad Gitana en Población Reclusa


Son muchos los tópicos que existen a cerca de las personas que viven (y en ocasiones, sobreviven) en prisión. Si a esto le añadimos la coletilla de gitano, magrebí, chileno, polaco, mujer?, los tópicos se convierten muchas veces en prejuicios, en exigencias, en falsas expectativas, en decepciones, y en un sin fin de trabas, que hacen muy difícil la evolución, el cambio, el crecimiento individual de los que sí quieren darse una oportunidad.

 

Desde hace nueve años, los distintos equipos de trabajo que han pasado por el programa de la FSGG en Centro Penitenciario de Soto del Real, han ido descubriendo otro tipo de necesidades que terminaban siendo una demanda implícita de la persona como individuo dentro de una cultura, y no sólo como comunidad a la que representan.

 

Las causas pueden estar asociadas a lo que entraña el ámbito penitenciario en sí, como estructura y como fuente de normas y disciplina, y a la soledad de una celda o de un patio, pero también al miedo a lo que descubren de su vida o de sí mismos, y a la realidad que dejan en sus casas (sus hijos, su mujer, sus padres etc). Las carencias educativas, la falta de habilidades personales para defenderse, el funcionar al margen de sus familias, dificulta aun más la adaptación a un medio en el que es difícil confiar, obtener beneficios, conseguir oportunidades etc. Hacerse entender acaba siendo muchas veces imposible ya que se manejan distintos códigos de comunicación.

 

A pesar de los cambios que están teniendo como pueblo, los gitanos y gitanas mantienen unos fuertes lazos como familia, como comunidad; y en los centros penitenciarios se ven obligados (sin querer)  a empezar procesos individuales, en los que a veces no les gusta lo que descubren, aun siendo de su propia cultura, pero no están preparados para esta lucha (o al menos este es su sentir). Las prisiones no contemplan culturas, géneros ni religiones, sin embargo hay una necesidad latente de entender las diferencias, pues puede que sea una de  las maneras de trabajar con la persona en toda su dimensión, y por supuesto comprender mejor los errores y las actuaciones de cada uno.

 

Una de las preguntas que viene a nuestra cabeza continuamente es la siguiente: ¿Es más fácil conocer a la persona, al individuo como tal, fuera de su familia, de la protección de una comunidad, de una cultura, de una religión, de una estructura social?... Y si la respuesta es afirmativa, en el caso del pueblo gitano, ¿cómo hacemos para que lo que  aprenden , lo que evolucionan , lo que se plantean , lo que sienten y cómo se sienten con lo que no les gusta de su cultura (a veces interpretación de la misma), revierta de manera positiva como un bien para su comunidad?...

 

Quizás la clave en el trabajo diario sea descubrir el potencial de cada uno, para que sean ellas y ellos mismos los protagonistas del cambio, a la vez que siguen haciendo historia y guardando como un tesoro aquello que en su cultura les hace más persona.

 

   
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